¡Que vienen los rusos!

No gana uno para sustos. Salgo de la asamblea de los empresarios asturianos donde Severino García Vigón impuso su ley, al menos dialéctica, y tengo una llamada urgente de mi espía preferida, la XPXIII, desde Barcelona. «Avila -me dice- ¡Que viene los rusos!». «¿Cómo?, ¡Que dices!» y la buena señora -está buena, lo juro- me cuenta que acaba de comer con un importante empresario ligado al mundo del fútbol -me dice el nombre pero me hace jurar que por el momento no lo desvele-, intermediario internacional que en su día tuvo que ver con la carrera deportiva de Enrique Castro «Quini», quien le confirmó que en este momento las conversaciones para hacerse con la propiedad del Sporting de Gijón por un grupo inversor ruso están muy avanzadas lo que supondría una salida a los deseos del actual accionista mayoritario, José Fernández, quien ya ha manifestado públicamente su decisión de encontrar un comprador que se haga cargo de la citada institución deportiva. Por el momento, y a la espera que se concrete la operación, como digo muy avanzada, la presidencia pasará a poder del hijo del accionista mayoritario, Javier Fernández, ya consejero, y a quien no le atrae lo más mínimo el tema deportivo ni la propiedad del club de Gijón.

Esta situación, un paso más del desembarco de los rublos en el panorama futbolístico europeo, y el primero que se daría en España, provocó hace unos días la sorpresiva y extraña salida de Manuel Vega-Arango de la presidencia del Sporting, no dispuesto a tener que pasar ante la afición y ante Asturias al frente de un club en manos extranjeras. Me consta que José Fernández lo comprendió e incluso ha sido generoso con el hasta ahora presidente. El Sporting, tras el fallido intento de retornar a la primera división y con un pasivo del orden de los 31 millones de euros, necesita aclarar pronto su futuro inmediato como sociedad anónima sin poner en riesgo su principal patrimonio que es la extraordinaria y numerosa afición que tiene. Así pues, de concretarse la llegada del grupo inversor ruso que por lo visto cuenta con participaciones accionariales importantes en algunos clubes europeos, no necesariamente de los de élite, se vendría a sumar con su presencia en Asturias al grupo mexicano CARSO de Carlos Slim, accionista mayoritario del Real Oviedo.

Lo cierto es que esto que escribo es, como dicen los reporteros cursis, una primicia, pero a buen seguro que a partir de los próximos días conoceremos más detalles. Por el momento los responsables del equipo sportinguista mantienen un tono bajo, incluído el capítulo de fichajes, al disponer de un presupuesto que ha quedado más recortado que las medidas del gobierno de Mariano Rajoy. El mercantilismo del mundo del fútbol ha colocado a este deporte y a sus clubes en esta situación. A mucho menor nivel tenemos el caso del Universitario que el domingo en el campo de San Gregorio se juega el ascenso a segunda B frente a la Leonesa -el domingo pasado empataron allí a un gol- pero que lo va a intentar con el pundonor y entrega que les caracteriza pero sin saber cual va a ser su futuro inmediato ya que de no encontrar la Universidad de Oviedo uno o varios sponsors que aporten del orden de los 100.000 euros el equipo rectoral preside Vicente Gotor tiene la intención de disolver el equipo. Tampoco la Leonesa anda bien. Si gana al Uni y asciende a la categoría de bronce la Federación le exige como aval 400.000 euros y a ver de donde los saca. Lástima que por aquí no tengamos un mecenas como Andrés Iniesta en el Albacete al que acaba de salvarle de la desaparición aportando cerca de 300.000 euros.

 

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One Response to “¡Que vienen los rusos!”

  1. velino dice:

    ¿Con los rusos no estaría nuestro compañero y amigo Blas? Entérese porque mi otra espía habla de eso y Blas ye mucho Blas.Por Las Ramblas mismo.
    Como los rusos no entendían,algo les comentaron de un paisano que toca la guitarra y juntalíneas.Enterese.A ver si esa espia es espío.
    Acaso Canor sepa algo de esto y otras cosas.Bueno éste en Madrid.
    Me da la sensacion de que están pasando los aviones sobre su cabeza y no sabe si de la Lubwafe o de los aliados.Como los suecos.

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