La manzana de la discordia

Unos 70 socios del Centro Asturiano de Madrid que pasan sus vacaciones en Asturias, principalmente en el oriente, se reunieron en fraternal comida en La Tenada de Illas. Se que estuvo el economista Francisco Méndez Albuerne, de Soto de Luiña, y uno de los socios más antiguos de dicho centro, más incluso que el que hasta hace pocas fechas ostentaba la presidencia, Cosme Sordo Obeso, lamentablemente fallecido hace unos meses. Ahora se encuentra al frente del centro, uno de los más importantes que tenemos por el mundo, el hijo del que fue vice presidente Rutilio Martínez-Otero, el profesor Martínez-Otero Pérez.  Me consta que la nueva directiva quiere relanzar las actividades del mismo dada la importancia estratégica que para los asturianos tiene Madrid donde se encuentra la principal colonia de asturianos en el mundo -se calcula que no menos de 50.000-.  Allá por 1984, en tiempos de Pedro de Silva como presidente del Principado, el Centro Asturiano de Madrid inauguró nuevos locales en la calle Farmacia tras abandonar el histórico caserón que durante muchos años ocupó en la calle Arenal. Un edificio que adquirió el Principado y en el que no solo estaba el centro si no también dependencias institucionales, incluida una sala para exposiciones y un salón de actos, además de una sucursal de Cajastur en el bajo.

Pronto quedó demostrado que ni el edificio ni su ubicación eran los idóneos y el deterioro físico del mítico presidente Cosme Sordo Obeso y el fallecimiento de veteranos socios influyentes en la capital de España, caso del general Sabino Fernández Campo, hizo que la actividad del mismo fuera apagándose. Incluso hace unos años surgió un movimiento de asturianos, los APQ (Asturias, patria querida), compuesto por jóvenes que incluso llegaron a ofrecer servicios de asesoramiento y ayuda a través de excelente página web además de publicar una revista cuya responsabilidad, si no recuerdo mal, era del llanisco Javier Batalla, hoy director técnico de la Sociedad Ovetense de Festejos. Pero por razones que desconozco este movimiento también ha ido apagándose de tal manera que la influencia asturiana en Madrid, empezando por la Princesa Letizia Ortíz, es importante a nivel individual pero ha perdido punch a nivel colectivo.

Creo que los centros asturianos deberían de ser auténticas embajadas de nuestra comunidad por esos mundos de Dios y algunos, como el de Málaga, por ejemplo, que preside Florentino Martínez Roces, lo son; sin embargo, dicho sea sin acritud, el organismo oficial que debe de atender y mimar a nuestra emigración, el Consejo de Comunidades Asturianas, y que ahora encabeza la ex alcaldesa de Gijón Paz Fernández Felgueroso, no parece tampoco desarrollar el dinamismo que exigen los tiempos y nuestras colonias en los distintos países. No viene al caso que comunidades como Cataluña, País Vasco o Andalucía, por citar, abran seudo embajadas en el extranjero pero el caso es que así es, gastándose un montón de euros de todos los españoles, mientras Asturias, siempre de pobre vergonzante, hasta cerró el único despacho que tenía en Bruselas. Solo parece coger fuerza el Consejo de Comunidades Asturianas cuando nos acercamos a consultas electorales. Ahí es donde los políticos en el poder buscan su ayuda, sirviéndose de su infraestructura, para buscar el voto del emigrante lo que hace también se acuerden con más intensidad y a veces con más generosidad presupuestaria de los centros asturianos. Por el medio está la FICA (Federación de Centros Asturianos) que preside el eterno José Luis Casas pero sus discrepancias, incluidos pleitos, con algunos centros, caso del de Oviedo, hace que la manzana de la discordia haya sido mordida perjudicando la imagen del propio Principado. Y los tiempos no están para eso pero, ya se sabe, en cuanto alguien sobresale con ideas o gestión, a pisarle la cabeza. Muy propio de esta Asturias de nuestros amores.

 

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