No se habla de los militares

Este mediodía coincidí con un buen amigo, antiguo compañero de la mili – de ello hace ya 50 años- y con quien también hace un par de meses renové en Cangas de Onís el juramento a la bandera española.

En un momento de la conversación me soltó "Oye, Avila, no te das cuenta de que con la que está cayendo no se habla de los militares" a lo que yo en un alarde de reflejos le contesté "Mejor que mejor". El caso es que esta trivialidad entre dos amigos me dio que pensar. Efectivamente, en el guirigay político/periodístico que vivimos en este país el ejército como tema debe estar al margen de polémicas y chascarrillospor el momento.

Siendo España en esto momentos un país cuasi federal – federal si llega a gobernar el PSOE según dice Pedro Sánchez– y con graves problemas sin resolver, algunos enquistados además, las fuerzas armadas, lo dice la Constitución, son garantes de la unidad de la Patria lo que, por ejemplo, para parte de Cataluña debe sonar a pitorreo. Sin embargo, gracias a que estamos, al igual que Grecia, como nación de pleno derecho en la Unión Europea el sentido de los militares en nuestras modernas sociedades es muy distinto, por supuesto, al que desempeñaron en la época de la dictadura y en Grecia en la también nefasta época de los coroneles.

Hoy nuestro ejército está al servicio de los ciudadanos con una magnífica profesionalización desde que en tiempos de José María Aznar se suprimiera el arcaico servicio militar obligatorio y los mandos alcanzaran el nivel de ejecutivos de empresas modernas y competitivas y la base se nutriese de solados profesionales con la incorporación además de mujeres y residentes extranjeros.

Hoy la Unidad Militar de ayuda en situaciones de catástrofe es modélica y su actuación, principalmente en acciones contra el fuego en nuestros montes, merece el más alto reconocimiento de la ciudadanía. Nuestras misiones en el exterior son de ayuda y colaboración, no de combate, también con un alto reconocimiento por parte de los países donde actuamos así como de nuestros socios de la OTAN y de la UE.

Pero España tiene viejos demonios a los que combatir con alguna solución el día de mañana. Me refiero a Ceuta y Melilla como puertas golosas de una emigración ilegal y desesperada, la titularidad del peñón de Gibraltar, caso de un colonialismo anacrónico y trasnochado, y, por supuesto, y lo más preocupante, el espinoso tema de las tendencias independentistas de algunos sectores de Cataluña, que no el País Vasco que una vez superado el terrorismo de ETA, así lo espero, está demostrando una gran madurez como autonomía llevando camino de convertirse en una de las regiones más prósperas de Europa.

¿Qué se habla, pues, en los cuarteles?. Cómo ven nuestra sociedad sus jóvenes y preparados mandos?. Que son funcionarios ejemplares no lo ponemos en duda y que su servicio a la sociedad resulta impagable, también. Probablemente el ejemplo más directo sea el cuerpo de la Guardia Civil, cuerpo de carácter militar, cuya actuación contra la delincuencia o la ayuda a la ciudadanía en situaciones difíciles es contundente y eficaz.

Creo que es bueno que no hablemos de los militares como materia especulativa en relación a las situaciones que se dan en las distintas regiones de España. Incluso los a veces fogosos partidos políticos emergentes también se muestran discretos al respecto.

En todo caso hay temas como la deriva independentista de parte de las fuerzas políticas catalanas que me preocupan. Espero que al final no haya que romper la baraja y continuemos sin tener que hablar de los militares. Eso es lo que en definitiva argumentaba mi veterano compañero de mili.

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