El calor del pueblo

Estamos ya en la última semana del 2016. Ha pasado la Navidad con crecimiento en el consumo y una mejoría del optimismo del ciudadano de a pié sobre el futuro inmediato. Nuestros políticos apenas descansan entre preparar congresos e intentar aprobar presupuestos. En los dos principales partidos de la oposición a nivel estatal, PSOE y Podemos, las aguas circulan revueltas. En el caso del partido socialista el presidente de la gestora Javier Fernández se echa definitivamente, no le queda otra, en manos de la derecha ya que con el apoyo de PP y Ciudadanos logrará sacar adelante los presupuestos en Asturias mientras en Madrid ha iniciado cierta colaboración institucional a través del Congreso con Mariano Rajoy, distanciándose claramente del partido de Pablo Iglesias y de la cada vez más disminuida Izquierda Unida de Alberto Garzón.

Podemos está inmerso en una lucha de poder cara a su asamblea nacional en la que el duro Pablo Iglesias se enfrentará a su segundo con cara de niño que no ha roto un plato, Iñigo Errejón, para frenar los pies a la corriente, la de Errejón, que pretende integrarles en el sistema. La tercera vía, los anticapitalistas, en principio están siendo marginados. Hay que reconocer que estas tensiones en los podemitas benefician al PSOE que debe de luchar para no perder su categoría de principal partido en la oposición y su carácter institucional avalado por una historia de más de cien años y más de treinta años gobernando España en nuestra moderna democracia. Está claro que Podemos ha perdido mucha frescura, aquella con la que arrancó hace dos años. Entrar en las instituciones es tocar poder y éste no solo tiene el peligro de corromper, no es el caso, sino de adormecer a los protagonistas. Terminamos pues el año con un Mariano Rajoy más seguro y fuerte que como buen corredor de fondo gallego no se ha descompuesto pese a los embates sufridos por la oposición e incluso por la opinión pública especialmente en lo que se refiere a la corrupción en las filas de su partido siendo el del ex alcalde de Getafe Juan Soler, quien es también diputado de la asamblea de Madrid y senador, y cuatro concejales la última la preocupación investigadora de la policía en torno a unas probables irregularidades en la adjudicación de obras municipales.

Hasta los mismos sindicatos parecen haber perdido decididamente gas con manifestaciones a mediados de diciembre con una prevista masiva asistencia que pinchó. El líder de CCOO Ignacio Toxo está muy quemado y el asturiano de la UGT, rebautizado en Cataluña, Josep Alvarez me parece que no da la talla que había alcanzado su antecesor Cándido Méndez. Algo parecido me da la impresión de que ocurre en Asturias con el sucesor de Justo Braga al frente de la UGT, Javier Fernández Lanero, el hijo del añorado "Lito". En el sindicato que sigue siendo correa de transmisión del PSOE solo destaca en mi opinión José Luis Alperi, el sucesor de José Angel Fernández Villa en el SOMA, quien mantiene firme sus convicciones y apoya sin ponerse colorado a Pedro Sánchez para la secretaria general del PSOE mientras que como sindicalista templa su gestión con gran madurez en un sector que inevitablemente se muere, el de la minería.

A la espera el próximo sábado del discurso a través de la TPA del presidente del Principado, sonría, hombre, que no le vamos a comer ni los asturianos ni los de Pedro Sánchez, ya ha pronunciado el suyo el jefe del Estado, el Rey Felipe VI. Tuvo su menor número de televidentes y poca circulación por las redes sociales. Ya sé, aunque tengo edad para ello, que la monarquía no despierta adhesiones inquebrantables pero tal como van las cosas en España conviene no menearla. En todo caso, algún retoque en la Constitución y resolver a través de ella el tema sucesorio para que su hija mayor Leonor Borbón Ortíz, Princesa de Asturias, pueda ser su heredera al trono. El Rey estuvo cauto en los once minutos que duró su intervención televisiva, mucho mejor que el año pasado en su puesta en escena. Felipe VI es un ciudadano preparado para el cargo que ostenta desde que fue proclamado rey tras la dimisión de su padre Juan Carlos y lo viene haciendo más que correctamente. El único punto caliente que aparece en el horizonte de España es la tensión en Cataluña por la nada justificable actitud de los denominados independentistas. Felipe VI y su esposa la ovetense Letizia Ortíz deben a lo largo del 2017 aumentar su presencia en las autonomías y buscar con más ahínco el calor del pueblo, que lo tienen, por cierto.

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