Algo del Oviedín del alma se va

Artículo publicado hoy en la edición de La Nueva España

Tengo un amigo que cada dos por tres me comenta que Oviedo ya no es lo que fue en alusión a la calidad de vida perdida y a la desaparición de establecimientos emblemáticos en los sectores del comercio y hostelería. Está claro que Oviedo tiene carencias pero pese a todo continúa siendo una ciudad agradable y con tirón turístico; sin embargo, cuando surge como ha ocurrido esta semana el cierre de dos restaurantes emblemáticos como han sido "La Goleta" y "Conrado", está claro que a los que ya pasamos de los 70, pero que siempre hemos vivido y trabajado en la capital, nos toca una fibra sensible de desánimo y tristeza.


Habiendo tenido la suerte de trabajar siempre como periodista desde el año 1964 en Oviedo por fuerza fui asiduo cliente de los dos restaurantes citados, no solo por el buen yantar que encontrabas en los mismos sino también por ser lugar acogedor de tertulias y peñas y por la calidad humana y profesional de sus propietarios y del personal de los mismos.

Conocí al patriarca, Conrado, un tinetense enorme en lo físico y en las relaciones públicas, que en Oviedo había arrancado primero en el "Taxi Bar" en la calle de Palacio Valdés, luego en el "Cervantes" en la calle Jovellanos y finalmente poniendo en marcha uno de sus establecimientos más emblemáticos, el "Conrado", en la calle Arguelles esquina con la plaza de San Juan y que con el paso de los años continuó regentando su hijo Marcelo Conrado Antón quien también fundó en el año 80 la marisquería "La Goleta" en la calle Covadonga donde primeramente hubo el restaurante "Feudal".

Como los años no pasan en balde a Marcelo le sucedieron sus dos hijos, Javier en el "Conrado" y Laura en "La Goleta". Sin embargo, como suele ocurrir en el devenir de la vida, la enfermedad de Marcelo, el fallecimiento de Rosa, fiel colaboradora del negocio y muy eficiente en su gestión, y la crisis, han hecho que ninguno de los dos establecimientos que contabilizaban una veintena de excelentes profesionales de la hostelería hayan podido subsistir.

Creo que la opinión pública ovetense en su día quedó sorprendida por el cierre del mítico restaurante "Trascorrales" que el recordado Fernando Martín tuvo en la plaza del mismo nombre así como por el cierre de otro local emblemático, el "Marchica" que el luarqués Ramón Suárez había abierto en los años 40 en la calle Doctor Casal y que durante varias décadas fue lugar de referencia para toda personalidad que por una u otra razón visitara la ciudad como desde los 80 para acá ha ocurrido lo mismo con los dos restaurantes de la familia Conrado Antón.

Mi última cena en "Conrado" fue no hace muchas fechas con motivo de reunirnos el jurado del "Ovetense del año" para elegir al psicoesteta Ramiro Fernández para tal distinción. En cuanto a "La Goleta" no hace mucho también tuve una agradable comida con el presidente de los cronistas oficiales de Asturias Juan Luis Alvarez del Busto. De siempre he de decir que el personal de ambos restaurantes fue eficiente y encantador lo que hacía sentirte muy cómodo en sus instalaciones. De "La Goleta" recuerdo aquel maitre, Angel, de la pura y vieja escuela, o a Juan Carlos López, hoy jubilado en Tapia de Casariego, o a los actuales Santiago, Santi y Rafael, verdaderos maestros de la restauración. Incluso creo recordar que a raíz del cierre del "Marchica" aconsejé a Marcelo Conrado que fichase a Santiago, uno de los camareros más emblemáticos, hoy ya jubilado con contrato relevo, como así fue para bien de "La Goleta". Durante años tuvo un cocinero de primera división que se apellida Avila, aunque no somos parientes y que también se jubiló el pasado año.

En "La Goleta" de manera intermitente hemos venido parando a mediodía los integrantes de la peña "El Urogallo" de tal manera que en torno a unos vinos examinábamos la actualidad local, nacional e internacional. Previa a ella estuvo la peña "El Rutio" que fundó el doctor José Luis Gómez, el funcionario Pepe Durán, el pintor Manolo García Linares y el propio Marcelo Conrado.

En la actual, "El Urogallo", de la que he sido durante años presidente informal, hemos venido discutiendo un día sí y otro también sobre lo divino y lo humano ilustres ciudadanos de profesiones variopintas y edades dispares como el catedrático Guillermo Corretge, a quien el cierre le ha cogido en Alicante porque está a punto de ser abuelo, los empresarios Valentín Lesmes, Ignacio García Rodríguez y Manolo Cosmen, los bancarios Nacho Rodríguez y Tomás Moraleda, Pepe Durán, José Ramón CastañónEduardo González "Macano" que era el impulsor de la misma, lamentablemente fallecido hace unos años. Si tuviera que definir la reunión diría que somos una piña de amigos unidos por un oviedismo sano y curioso y que ahora nos hemos quedado huérfanos de local.

Tanto por "La Goleta" como por "Conrado" es enorme la cantidad de comensales importantes que han pasado a lo largo de los años. Precisamente el camarero Juan Carlos López me contó un día Margarita Zavala, a la sazón esposa del entonces presidente de México Felipe Calderón, comió dejando de aquella 300 dólares como propina o como el presidente del Real Madrid Florentino Pérez llegaba con su guardaespaldas para degustar el buen pescado del Cantábrico repartiendo insignias a diestro y siniestro o el mismísimo Woody Allen a quien le priva el pixín de nuestros mares y que nunca pone pega alguna para fotografiarse con los camareros.

El desfile de famosos tanto por "La Goleta" como por "Conrado" fue interminable. El Rey emérito Juan Carlos I estuvo varias veces en los dos así como su hijo Felipe VI. Tuve la oportunidad de cenar en cierta ocasión en el "Conrado" con el entonces presidente de México Vicente Fox, con raíces asturianas. Ni que decir tiene que jurados y premiados de la Fundación Princesa de Asturias pasaron por sus manteles e ilustres colegas como Luis del Olmo no solo eran fans de su cocina sino también establecieron una relación afectiva y amistosa con Marcelo Conrado, todo un maestro de las relaciones públicas y promotor de la cocina asturiana junto con otros ilustres colegas. Siempre recordaré al maitre Saturnino, que se jubiló y ya ha fallecido, ofreciendo con el máximo entusiasmo al cliente "una merluza del cantábrico de cinco estrellas".


En el "Conrado" hay una importante escultura del gran Urrusti que representa a los doce apóstoles. Era el escultor un buen cliente de ambos establecimientos como el cura del Centro Asturiano y canónigo ya jubilado José Franco quien sin duda se habrá llevado un gran disgusto con la noticia.

Hago pues este comentario a vuela pluma con la tristeza que como ovetense y cliente me produce el cierre. A otro que le pasaría igual, si viviera, es al escritor Ignacio Gracia Noriega. Y por supuesto al recordado catedrático Emilio Alarcos que tenía su propia cátedra lúdica en "Conrado" donde asistir a sus tertulias era toda una delicia ovetense.

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