La banca perecedera

Anda revuelto el mundo bancario español, sector que nos ha costado muchos euros a los ciudadanos de a pié y que todavía no acaba de resolver sus crisis. Ayer el Banco de Santander compró por un euro el Banco Popular, el quinto de nuestro país. Fue el banco del Opus Dei con una etapa brillante cuando los hermanos Valls Taberner lo dirigían y la Obra tenía todos sus cartuchos económicos, que eran muchos, puestos en él.

Todo iba bien, hasta Pau Gasol protagonizaba campañas publicitarias del mismo, hasta que accedió a la presidencia un bancario de medio pelo, Angel Ron, que había estado siete años en Oviedo como director de sucursal e incluso se casó con una asturiana. Su agresiva política de créditos al sector del ladrillo inició la desestabilización de este histórico banco que ahora pasa a mejor vida para quedar, supongo, como segunda marca, al estilo de lo que ocurrió con el Herrero y el Sabadell. La operación que obliga al Santander a ampliar en 7.000 millones su capital convierte al banco dirigido por Ana Botín en el más fuerte de España y Portugal.

Pero no es el Popular el único donde hay tormenta. Liberbank sigue siendo noticia, negativa por supuesto, tras las operaciones a las que su nefasto consejero delegado Manuel Menéndez le está sometiendo camino de su desaparición mediante absorción probablemente por el Bilbao o La Caixa. Liberbank, esperpento nacido de la fusión de las cajas de ahorro de Asturias, Cantabria y Extremadura, vale en estos momentos menos de mil millones de euros y se dispone a aplicar otro ERE para quinientos trabajadores lo que en opinión de los sindicatos significa reducción de plantilla al querer imponer la movilidad geográfica a sus trabajadores.

Curiosamente Manuel Menéndez, que fue el catedrático más joven de contabilidad de empresas de la Universidad de Oviedo, siempre ha estado muy protegido por la clase dirigente. El único político al que escuche hablar mal de él fue al ex consejero Francisco Blanco que un día en público le puso a caldo. Diputados como Antonio Trevín o senadores como Vicente Alvarez Areces le adoran. En cuanto pudo llevó la sede central de Liberbank a Madrid y sus principales servicios a Toledo. A Asturias que le den. Continúa también con su nefasta política de cerrar sucursales y ayer mismo en Figaredo, ilustre localidad minera de la cuenca del Caudal, los vecinos, en su mayoría septuagenarios, se manifestaban porque ahora quedan sin sucursal bancaria alguna. Primero fue el Herrero/Sabadell y ahora Liberbank y a través de la TPA pusieron a caldo a este banco y a su matriz la antigua caja de ahorros. Vivir para ver.

Mientras en la Confederación Asturiana de la Construcción (CAC) las aguas están revueltas a consecuencia del proceso iniciado hace unas fechas para buscar un presidente profesional que sustituya al veterano Serafín Abilio Martínez. Parece ser que el economista Javier Cuesta, que años atrás estuvo en la Cámara de Comercio de Oviedo y en Alimerka, tenía muchas cartas de la baraja para el cargo pero se ha encontrado con la oposición de varios socios de la CAC que no le ven con buenos ojos. El caso es que estamos en junio y el tema urge.

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