90 años de El Mirador del Fito, una historia de solidaridad regional

Artículo que he publicado en el libro digital que la asociación "Asturias actual" que preside el doctor José Luis Mediavilla acaba de editar sobre el concejo de Parres.

Me resulta emocionante que tantos años después de aquel agosto del 1927 en que se inauguró El Mirador del Fito en el concejo de Parres unos buenos amigos, integrantes del grupo, precisamente así llamado, "Amigos de Parres" que preside el inquieto Justo Manzano me pidan unas líneas para acompañar junto a los alcaldes de la zona la reedición del libro del doctor Pimentel que publicó en julio de aquel año, narrando con exquisita precisión cómo se gestó y quienes contribuyeron a que hoy sea una espléndida realidad uno de los miradores más emblemáticos de nuestro querido Principado, con la espalda vuelta al Sueve y a los Picos de Europa, y de cara contemplando el extraordinario paisaje del litoral del Cantábrico a la altura de los concejos de Colunga, Caravia y Ribadesella. Una reedición que guardo como oro en paño y que tendrá ya, por lo menos, treinta años.

Las líneas escritas a modo de prólogo en la reedición del libro del doctor Pimentel, gracias a cuya iniciativa el Mirador del Fito es hoy una realidad, me sirven para rendir homenaje a los parragueses en este libro virtual que mi admirados amigos de "Asturias actual" dedican a Arriondas y su concejo Parres.


Tras leer con detenimiento el libro del doctor Pimentel, magníficamente recuperado años atrás por los "Amigos de Parres", me viene a la memoria la gran solidaridad que los distintos núcleos del hábitat asturiano tuvieron con esta iniciativa en unos tiempos, el primer cuarto del siglo pasado, nada fáciles.
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El tesón de un grupo de personas que valoraron desde un principio esta iniciativa que con el paso del tiempo se ha convertido en todo un símbolo de la Asturias irredenta, turística, cultural y montañera, hizo realidad que el Mirador del Fito sea hoy un monumento permanente a la grandiosidad del paisaje de Asturias, centrado en el oriente del Principado y convirtiéndose en testigo querido de uno de los concejos más emblemáticos de la región como es el de Parres con su capital Arriondas.

Cuando vivimos tiempos en los que precisamente la solidaridad y el empuje común en defensa de los intereses de la tierra brillan por su ausencia, cuando los políticos, en el poder o en la oposición, apuestan más por sus ideologías o partidos, tan superada su naftalina a estas alturas, sacrificando en muchos casos los verdaderos intereses de la comunidad autónoma, el ejemplo al que ahora tan acertadamente nos retrotraen los "Amigos de Parres" con la reedición del libro del doctor Pimentel sobre la construcción del emblemático mirador, hace que debamos aplaudir tal iniciativa.

No puedo por menos de recordar la primera vez que visité el Mirador del Fito y que subí a él en circunstancias protocolarias nada fáciles, por cierto. Fue hace muchos años, no recuerdo la fecha, quizás a mediados de los 60, con motivo de la visita a Asturias de los entonces Príncipes de España, don Juan Carlos y doña Sofía, cuando aún el hoy Rey emérito de España no ostentaba, ni mucho menos, el título de Príncipe de Asturias y un militar gallego, casado con asturiana, era ministro de la Gobernación en uno de los gobiernos de Franco. Se llamaba Camilo Alonso Vega y estaba casado con la noreñense Ramona Bustelo. Pues bien, al Mirador del Fito se fueron y al mirador subieron en olor de multitud, acompañados, creo recordar, por el entonces gobernador civil de Asturias, un valenciano cabezón y falangista que se llamaba José Manuel Mateu de Ros.

Era yo, a la sazón, un muy joven plumilla, reportero en palabra moderna del desaparecido diario Región, dirigido entonces por uno de los más carismáticos periodistas de la época, Ricardo Vázquez-Prada, y allí me enviaron, a cubrir la visita de los Príncipes en el oriente de Asturias, Mirador del Fito incluido. Lo más grande de aquella jornada fue que desde el Mirador del Fito, que no ha vuelto a ser visitado por don Juan Carlos y doña Sofía, la pareja real pudo contemplar la enorme, tremenda, mancha de barro que por aquel entonces las explotaciones de espato flúor que desde Caravia a través de un emisario submarino se vertía a las aguas del Cantábrico, provocando una contaminación de las que hicieron época; me consta que el Príncipe tomó buena nota y eso que el vicepresidente de la compañía explotadora del yacimiento de espato flúor, el más grande de Europa, el Duque de Arión, era íntimo amigo suyo, siendo el promotor de la explotación y presidente de la compañía un médico de Cantabria, el doctor Avello, todo un experto en mineralogía y descubridor del citado yacimiento de espato en tierras asturianas.
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Al final el pueblo de Caravia, con su cura, don Antonio, al frente, que veía como la iglesia y las casas de los vecinos se agrietaban por la explotación minera, hizo una tremenda campaña a través de los medios de comunicación con el slogan "Asturias por Caravia" que en el caso de mi querido diario Región compaginaban con otro por entonces muy en boga, "Gibraltar español".

Don Antonio, un cura tradicional pero incapaz de asumir la destrucción de Caravia y su entorno, fichó en aquellos tiempos a un joven abogado para luchar jurídicamente contra la multinacional de Floruros; era Pedro de Silva y Cienfuegos-Jovellanos, años más tarde presidente del Principado y a quien el propio don Antonio casó por aquel entonces con la que fue su primera esposa Mary Chon.
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Como el tiempo siempre hace justicia la empresa Fluoruros pasó a mejor vida cuando a nivel mundial se hundió el mercado del espato, quedando el litoral del Cantábrico en esa zona limpio bajo la atenta vigilancia del Mirador del Fito, a modo de vigía de rey Pelayo para detener al musulmán caso de que llegara tal necesidad.
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De la solidaridad que se desprende del libro del doctor Pimentel, relatando la construcción del Mirador del Fito, debo destacar la aportación generosa de dinero de toda Asturias, figurando por encima de todos la ciudad de Gijón.
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En la reedición del libro del doctor Pimentel hace por lo menos treinta años los "Amigos de Parres" además de mi modesto escrito incluyeron frases de representantes municipales de la comarca, caso de Alfredo García Alvarez, presidente de la Mancomunidad de concejos del Oriente de Asturias; Manuel-Millán García González, alcalde de Parres; Juan Roberto Pérez Rodríguez, alcalde de Piloña; José Miranda Reigada, alcalde de Ribadesella; Pablo García Pando, alcalde de Caravia; Daniel E. Gancedo Ruiz, alcalde de Colunga y Avelino Blanco, presidente de la Junta Administrativa de la Mancomunidad del Puerto del Sueve.

Inaugurado el 28 de agosto de 1927 su coste tras seis meses de trabajo ascendió a 11.144,82 de aquellas pesetas y tan acertada iniciativa del doctor Pimentel contó con la ayuda pecuniaria de los asturianos, aportaciones de 25 pesetas, el trabajo del ingeniero Sánchez del Vallado, que proyectó el mirador, y lo construyó con obreros y materiales asturianos además de cemento de Tudela Veguin y acero de Moreda y Gijón.

Para Parres tener el Mirador del Fito es un honor y un orgullo. Para los asturianos, también.

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