Echa alpiste y llámame gorrión

Continúa la campaña electoral. Todos prometen cual gorriones que piden alpiste a los críos en el campo de San Francisco pero que son incapaces de demostrar cómo se lo ganan, a la espera de lograr votos el próximo día 26 y luego, por mala memoria o por falta de recursos, olvidar durante los próximos cuatro años lo prometido en campaña.

Todos los candidatos, no dudo de sus buenas intenciones, nos prometen estos días en sus intervenciones, una arcadia feliz para sacar a Asturias, patria querida, de la progresiva decadencia que venimos sufriendo en las últimas décadas, pero lamentablemente no acaban de dar con la fórmula mágica que lo permita.

Para Asturias a corto plazo lo importante es que aguanten las pensiones de sus 300.000 beneficiarios, ganadas con su sudor y en ocasiones con lágrimas, a través de extensas vidas laborales fundamentalmente en los sectores minero y siderúrgico; unos, como los socialistas, quien subir impuestos para que el Estado del bienestar no se venga abajo y otros, como los populares, quieren bajarlos manteniendo el nivel del mismo a base de administrar mejor. Y es que en estas campañas electorales surge en ocasiones argumentos curiosos como el que el otro día escuché al número dos de la candidatura de Podemos, Daniel Ripa, siempre me recuerda a Daniel, el travieso, protagonista de cuentos de mi infancia, afirmar que si llegan a gobernar el Principado se cargarán, laboralmente hablando, a quinientos cargos que hoy están en la Administración autonómica enchufados a dedo y con jugosos salarios por el gobierno de Javier Fernández.


Apoyo también su otra iniciativa, presentada por la candidata Lorena Gil, de recuperar cuanto antes la abandonada ciudad residencial de Perlora, hoy todo un vertedero tras haber sido lugar de cita para miles de ciudadanos, obreros y sus familias, en concreto, que venían a pasar el verano a la orilla del Cantábrico. Esta ciudad residencial en su momento hace años traspasada al Principado ha caído en el olvido, incapaz la actual administración autonómica de encontrar una solución, bien recuperándola, bien vendiéndola a la iniciativa privada. En su momento hasta los chinos estuvieron interesados pero se encontraron con lo oídos sordos de la dirección regional de Turismo.

Por supuesto que en esta campaña electoral nadie se acuerda del copago de los medicamentos con incidencia principalmente en los pensionistas, ni en el llamado "céntimo sanitario" con el que se gravan los combustibles, los de aquí son los más caros de España, ni en los impuestos de sucesiones. Asturias linda con otras autonomías, por ejemplo, Cantabria, donde tal impuesto no existe. Mientras allí el partido regionalista que lidera Miguel Angel Revilla está en alza, y la encuestas pronostican que será la única autonomía de las que el día 26 tendrán elecciones, en las que no ganará el PSOE sino el citado partido regionalista, en Asturias el único existente, Foro Asturias, va a la baja pese a los esfuerzos que está realizando la hasta ahora alcaldesa de Gijón Carmen Moriyón.

El candidato socialista Adrián Barbón, previsible ganador de las elecciones según todos los sondeos, quiere una mayoría lo más amplia posible para influir en sus compañeros de la Administración central donde un Pedro Sánchez crecido se dispone a gobernar en solitario. Pero una cosa es el deseo y otra la realidad y a estas alturas no veo claro ni el futuro de ALCOA ni el de otras industrias en manos de multinacionales y con el riesgo de una deslocalización mortal. Arcelor Mittal ha comenzado a toser, la Thyssen apunta indicios, la minería es una batalla perdida a excepción de la prejubilación para los productores cuyos puestos de trabajo se están perdiendo, y de infraestructuras, campo, pesca y otros sectores, incluido el turismo, escribiré otro día. La crisis de Asturias da para mucho lamentablemente.

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